lunes 2 de noviembre de 2009

Los resultados de la prueba



Sólo digamos que fue un accidente. Suena a suicida, pero la vida puede ser tan mierda, que los instantes decisivos terminan dependiendo de terceros, pero no creo que sea adecuada tanta intensidad.

De hecho, aunque pueda sonar extraño y hasta apañador de mediocridad, después de aquella infausta tarde, me sentí mucho mejor que en tardes de gloria y días de triunfo, tal como se lo comentaba a unos amigos con quienes tomaba una cerveza después de los resultados. Y es que el triunfo puede ser el más grande cebo de culebra del mundo, el mejor anestésico conocido, mejorador de las imágenes casi tan potente como la muerte: El resultado positivo te da laureles para dormir, dibuja sonrisas en el horizonte, incluso relega a un lado la desilusión y la soledad, hasta donde sé.

Sucedió que no fue así. En ese atardecer lúgubre me encontré con varios de mis amigos, de aquellos reales, en la sobriedad y en la embriaguez, en el triunfo y en la derrota, todos para uno y uno para todos, uno a todas y todos a una, nada que ver con los oportunistas que van por el trago gratis, para compartir risotadas ajenas o para sentirse cerca de alguien que supuestamente logró algo importante.

Mis amigos fueron y vieron el examen, pero ellos han observado todo el antecedente, los últimos años, han tenido cerca el tema, y tal vez por eso comprendieron mi preocupación inicial y mi desdén posterior respecto a este accidente. Comprenden que me importa más mi libertad, que en verdad no he perdido nunca, que mi tranquilidad profesional; también entienden que mi molestia se centra en como una elección no bien encaminada me dirige a una permanente sensación de fracaso, ante la cual no me siento tan comprometido como se podría esperar, y es por eso que conversamos, bebimos un trago y tocamos el tema más importante del universo: La vida, la vida a salvo, la vida suelta, lo que uno siente, muy lejos de algún bienintencionado consejero o malintencionado crítico, ineficiente de todos modos.

Un párrafo especial merece mi padre. Hace unos meses no hubiera imaginado su actitud actual, la cual no podría describir con un adjetivo, sino con un simple medio de prueba: Hacía no sé cuanto, tal vez más de diez años, no sostuvimos una conversación tan profunda y a la vez apacible como la de la hora deld esayuno siguiente. No dijo nada, en ningún idioma que yo conociera, y de hecho, no hizo más que apoyar la seguridad que tenía en las horas previas al examen, en los días previos. No quiero pensar en que se debía a la trascendencia del suceso o a algún posible arrepentimiento, tal vez al viaje de hace algunas semanas, pero sentí más cercano que nunca al viejo, tal vez por el hecho de haber comprendido, ambos, que antes de tratar un hijo con su padre y viceversa, son dos hombres, frente a frente, con todo lo que un hombre posee.

En ese aspecto, me siento ganador, triunfador, por goleada, como nunca, SOBRESALIENTE en esta prueba. No creo en el triunfo moral, sino en el triunfo emocional, que sí existe. Y sólo me queda darle importancia a ello, sobretodo esta semana, pues lo pasado, pesado y pisado, pese a no haberlo tomado en serio: El único lugar donde me siento extraño en todo Fundo Pando, es mi propia facultad, perdí por no dejar acabar oraciones a los profesores, por contradecir y defender mi postura. A lo largo de esta semana, mi nombre llevará un ignominoso rotulo a su costado, DESAPROBADO, hasta que saquen la lista, posiblemente mucha gente se sienta feliz por saberlo, tengan un motivo de chiste o de conversación... que lo hagan, que chupen en mi honor si desean. A diferencia de otras ocasiones, siento que sé porqué pasan las cosas, no me siento estúpido por no entender la tremebunda lógica del Derecho Civil Peruano, ni fracasado por verme perdido en el laberinto del hastío societario.

A lo largo de este año, y creo que los lectores saben, he ejercido duramente el poder de la eliminación de lo que no vale la pena, las relaciones inicuas, disfuncionales. Así como alguien que no me ofrece más que desdén, no merece más que aire, igual aquí, no lo daré demasiada atención. Al contrario, hay algo de dramaturgia que me gusta, y puede que ocupe lo que queda de este año en ello, un año que no ha terminado por cierto (y en el que, al menos, una mujer no me hecho sufrir, eso es un avance, simbólico, pero válido).

En fin, es todo. Ahora, me siento más capaz de aleccionar a la juventud, de reirme de los muertos de hambre que se burlan de los tropiezos ajenos o de la seguridad que (en su apestosa humildad) confunden con soberbia, de mandar al diablo a quienes quieren "sacarme del túnel" en el que no estoy. En todo caso, si buscan algo así, les recomiendo ver toda esta película y sí, ¿cómo negarlo? El personaje de Paul Vega llega a despertar compasión, sobretodo por su descubrimiento final, que tal vez él mismo provocó.

¿Cómo no? Me siento seguro, lalalala, lalalalalalala...

sábado 24 de octubre de 2009

La noche anterior

Nunca he excusado mi ausencia en el mundo blogger, inexplicable si sólo se toma en cuenta mi desempleo, explicable con otros motivos.

Bueno, se malogró mi computadora, la ausencia de mis padres incrementó en cierta forma mis responsabilidades domésticas, pero eso no es lo más importante, definitivamente.

Durante estos días de ausencia paterna y lejanía con los teclados, estuve practicando dentro de lo posible el concepto de libertad, teniendo aún algunos borradores que leerán muy pronto en este. su blog preferido. Dije "dentro de lo posible", porque igual, sigo pensando a la cubana, como en el colegio: Considerando que no hay libertad absoluta, sin un mínimo de poder adquisitivo, ni una forma de conseguirlo.

Estas semanas fueron las próximas a mi examen de grado, casi ocho años después del inicio de mi vida universitaria, podré al fin cerrar el pregrado. De hecho, pensándolo bien, debió y pudo suceder meses antes, pero había algo importante que cimentar para este momento: La seguridad y confianza en mí mismo.

Es importante la actitud positiva, la mentalidad ganadora, ¿cómo negarlo? Es la amalgama esencial de la estructura que, sin embargo, no podría existir sin bases sólidas de conocimiento, cosa que he rescatado y he revalorado estas semanas, sobretodo. Mi vida siempre transitó sobre la cuerda de la inseguridad, ya sea emocional o profesional, la incertidumbre y la (lamentable) tendencia final de depender de otros resultados para que el mío sea positivo; esta vez, al tratarse de un acontecimiento meramente personal, opté por no dejar nada, absolutamente nada, al azar, a elección de terceros, a cosas que pueda ignorar, ningún cabo suelto en lo posible.

Por ese motivo, he trabajado bastante y bien, acentuando esto en las últimas semanas. Y vaya que descubrí algo importante, mejor dicho, lo confirmé: De haber estudiado así desde el comienzo, vaya profesional que sería, con los ojos puestos en un objetivo, sin la embriaguez de la juventud, la falta de seguridad vocacional, el permanente hastío. Demoré mi elección, lo admito, tomé un año más de estudios para compensar esa pérdida, pues logré empatar mi vida académica sobre el final, para irme a tiempo extra, y...

Es por eso que la seguridad es lo que reina aquí, como no ocurría hacía bastante tiempo. Sin embargo, con esa seguridad, con esa cara, viene el sello, el de una eventual duda, el de la noche anterior llena de escenarios mentales acerca de lo que sucederá al día siguiente, un proceso personalísimo. Mi examen no es mañana, ni el lunes, pero a veces, la seguridad respira más intensamente y se eriza al tener el enfrentamiento a la vuelta de la esquina. Es una reacción natural, una última duda que suele venir, sólo para pegar más fuerte... y que de hecho me vendrá varias veces más, como vino antes, como podría suceder si decido casarme alguna vez, o si decido salir del país (que es más probable)...

En fin, por el momento, esta duda la puedo aplastar con una certeza afortunada: El examen no sale de Octubre. Eso quiere decir que mi posibilidad de cursos fuera del país, como comenté en un post anterior, aún está latente; sería cuestión de aprobar el examen, e inmediatamente después, correr a las oficinas a hacer los trámites. La suerte, tan especialmente desdeñosa hace algunas semanas, ahora me puso un tremendo pase, sólo me queda clavarla en el ángulo.

Igual que Iker Casillas, igual esa maravillosa canción de Mocedades, Me Siento Seguroooooo... lalala, lalalalalala, lalala...





(Por favor, chicos, eviten los comentarios "esperanzadores", los "ya verás", los "consejos" y afines. Ya he borrado gente de mi FB y de mi MSN que no hacía más que mencionar estados mentales que aquí no existen. Aprecio las buenas intenciones, pero aprecio más la lectura del baladí escrito y su edificante comentario)

Me olvidé de una de las super canciones de The Full Monty: "Come up and see me, make me smile, or do what you want, run on wild", las opciones son claras.